Las ambivalencias en los roles de los nuevos gobernadores electos y de los delegados presidenciales regionales se está traduciendo en conflictos
septiembre 2021

Pedro Güell en el medio La Voz de los que sobran: “Las ambivalencias en los roles de los nuevos gobernadores electos y de los delegados presidenciales regionales se está traduciendo en conflictos”
En su columna de opinión, el investigador CiPP y académico UAH, señala que que está ocurriendo lo que muchos anunciaron: las ambivalencias en los roles de los nuevos gobernadores electos y de los delegados presidenciales regionales se está traduciendo en conflictos. Lo que todavía no sabemos bien es a dónde van a conducir esos conflictos. Una cosa parece relativamente clara: tienen los días contados.
Plantea que, a la luz del proceso constituyente, es probable que la nueva constitución modifique las actuales figuras del gobernador y del delegado en favor de mayores competencias para la autoridad regional electa. Eso aclarará los roles y establecerá mejores mecanismos para regular las relaciones entre ambas autoridades. Pero para que ese eventual cambio entre en vigor faltan por lo menos dos años.
Se pregunta, entonces, ¿Y entre tanto qué hacemos? ¿Nos sentamos a esperar y nos desgastamos en las peleas pequeñas en que se está transformando la relación entre el delegado y el gobernador?
Güell señala que dos años es mucho tiempo para esperar mejores condiciones para el trabajo regional. Se corre el riesgo, además, de que se instauren ciertas formas de operar o estilos de liderazgo que posteriormente sean una dificultad para el buen ejercicio político.
Pero hay que partir despejando una posible confusión, señala el investigador: la necesaria lucha por ampliar las competencias del gobernador puede hacernos creer que el objetivo es traspasar los antiguos poderes del intendente hacia la actual figura y hacer de este una suerte de administrador electo.
Es claro en decir que el rol principal del gobernador regional no es administrativo. Es una autoridad política electa y su rol es la conducción política de los procesos de desarrollo y de ampliación democrática del territorio. Para ejercer ese rol debe existir un espacio social y territorial para que se de la relación entre el gobernador, el gobierno regional y la ciudadanía. Dicho espacio es la región, entendida como construcción espacial, cultural y política.
La tarea urgente hoy, es pues, hacer del territorio regional un espacio público, de pertenencia, donde surjan conversaciones y deliberaciones, donde hayan demandas, proyectos y anhelos ciudadanos. Y es urgente porque estamos aún lejos de que nuestras regiones sean un espacio público real y activo.
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